Por Gilberto Ayón R.
Hablar de paz en Sonora no puede ser un ejercicio de discurso político. La paz no se decreta, se construye con instituciones fuertes, liderazgo y decisiones firmes.
Nuestro estado enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia reciente: recuperar el Estado de derecho y devolver tranquilidad a las familias sonorenses.
La experiencia internacional y los datos nacionales muestran que la paz no llega con improvisación ni con medidas aisladas. Requiere una estrategia clara, sostenida y con visión de largo plazo.
La ruta para recuperar la paz en Sonora debe construirse sobre cinco pilares.
El primero es recuperar el control institucional.
El gobierno debe garantizar coordinación real entre policías, fiscalías y autoridades federales, con inteligencia criminal y presencia efectiva en los municipios más afectados por la violencia.
El segundo es desarticular las estructuras criminales.
La estrategia no puede limitarse a detener personas; debe golpear las redes financieras, logísticas y operativas que sostienen a los grupos delictivos.
El tercer pilar es fortalecer el sistema de justicia.
La paz solo es duradera cuando existe justicia. Sonora necesita fiscalías eficaces, policías profesionales y tribunales que respondan con oportunidad.
El cuarto es reconstruir el tejido social.
La prevención, la educación, el deporte y las oportunidades para los jóvenes son parte fundamental de cualquier política de seguridad que aspire a ser sostenible.
Finalmente, el quinto pilar es institucionalizar la política de seguridad.
La paz no puede depender de un solo gobierno o de una sola persona. Debe convertirse en una política de Estado que trascienda administraciones.
Sonora tiene la capacidad, el talento y la fortaleza social para recuperar la tranquilidad.
Pero para lograrlo se requiere liderazgo con carácter, visión y responsabilidad histórica.
La paz no es una promesa.
Es un compromiso con el futuro. Grandes cosas son posibles.
— Gilberto Ayón R.
